SINDROME HUBRIS


Los políticos cuando están en el poder enferman
Los delirios que produce el poder ha demostrado que los políticos en todo los tiempos han sufrido del síndrome HUBRIS, una casuística que los aleja de la realidad y los hace creer que su capacidad es única, su importancia es indiscutible y se proyectan para quedarse en los puestos 20 años y es justamente en ese momento cuando empiezan a perder la reelección
El síndrome Hubris, no es una casuística que la ciencia médica la haya clasificado como una enfermedad, pero es una conducta adoptada por quienes detentan el poder político y prueban las delicias de ejercerlo; donde son las presiones y las responsabilidades de ese ejercicio son las que afecta a la mente del político.
De acuerdo al ex escritor británico y neurólogo David Owen, señala que la invasión de Irak fue decidida por el trío de Las Azores, Aznar, Bush y Blair, pese al entorno político, colaboradores más cercanos y ciudadanía. Esto demuestra que quienes manejan el poder pierden el contacto con la realidad y no escuchan a la opinión pública.
Owen señala a: Neville, Chamberlain, Hitler, Margaret Thatcher, en el pasado; y en los últimos tiempos Goerge Bush o Tony Blair, como los líderes de la política mundial que han sufrido este síndrome Hubris, cuando a los políticos se les sube el poder a la cabeza.
Tanto es verdad que el comportamiento hubrístico, los hace sentir a los políticos como los llamados de la historia a ser los ejecutores de grandes hazañas que marquen la historia de la humanidad; sostiene su argumento a que Bush y Blair, que no fueron planificar con detalle, como reemplazarían la autoridad de Sadan Huseim y a no pensar en la respuesta del ejército iraquí.
El síndrome responde a más de una denominación sociológica que propiamente es clásico de los efectos mentales de poder.
Años en el poder
Los políticos cuando llegan al poder son personas más o menos gente normal que se mete en la política o alcanza un puesto importante. En ese momento en su interior, comienza la interrogante si son capaces de cumplir con la expectativa. Posterior a ello, aparece la legión de los incondicionales, que lo llenan de halagos y de lisonjas, que le reconocen su valía.
A esa primera duda de la capacidad para el puesto, comienza a subirse el poder a la cabeza y cree que el puesto se lo ha ganado por sus propios méritos. Sumando al hecho, que la importancia del puesto lo vuelve un individuo al que todos quieren acceder, saludarlo y hablar con él: esto es la primera fase.
Luego viene la fase donde ya no se le dice lo que hace bien, sino que su presencia permite solucionar todo; es justamente cuando entra la ideación megalomaníaca, cuyas características son la infalibilidad y el creerse insustituible. Justamente cuando llegan a esta cresta de salir de la realidad, es cuando los políticos comienzan a planear su permanencia en el poder por 20 años, a proyectar obras faraónicas, las que son mejores si llevan el nombre de ellos y hablan como eruditos de temas que desconocen.
Luego cuando ha pasado algún tiempo, entran en paranoia, sospechan de todo, de aquel que les hace una mínima crítica, lo alejan de su entorno y comienzan a vivir en un aislamiento, lejos de la sociedad. Tras un tiempo en el poder los afectados por Hubris padecen lo que sicopatológicamente se llama desarrollo paranoide.
El escritor británico señala que lo más común es que piensen que “Todo el que se opone a él o a sus ideas son enemigos personales que responden a envidias; puede llegar incluso a la paranoia o trastorno delirante, que consiste en sospechar de todo el mundo que le haga una mínima crítica. Su aislamiento es tal, que es partir de ese momento en que ellos mismos cultivan la pérdida de las elecciones y por ende el poder.
Hubris, como síndrome de los políticos es un nombre muy antiguo, los griegos fueron los primeros en utilizarlo, pero para definir al héroe que lograba la gloria y al borracho del éxito que empezaba a comportarse como un Dios